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Mundo  |  31, Agosto 2013

Realidades de un paro que no existe




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Luego de dos semanas de paro agrario en Colombia, empieza a sentirse el desabastecimiento de alimentos en todo el país. Además, el bloqueo de carreteras, las protestas y la solidaridad que despierta el movimiento campesino, tienen en problemas al gobierno de Santos.

"El tal paro agrario nacional no existe", así lo  afirmó en dos oportunidades el presidente de Colombia en lo que va  corrido de la semana;  mientras tanto, los campesinos de diferentes  municipios  protestaban por la difícil situación que afronta el campo. Con lo que no contaba el Santos, sin embargo, es que esa actitud de negar o tratar de restarle importancia al movimiento social, lo dejaría  en una posición muy incómoda ante el país. No obstante, la estrategia de minimizar un hecho real no es solamente de este gobierno. Durante su presidencia de ocho años, Uribe negó hasta el cansancio la existencia de un conflicto interno. La guerrilla, para él, no era más que un pequeño grupo de narcotraficantes y terroristas. Al mismo tiempo,  atacó a quienes estaban en contra de sus políticas guerreristas, en especial a miembros de diversas ONGs de derechos humanos, a los que llamó "Guerrilleros vestidos de civil".

Las declaraciones de Santos fueron tomadas como un desafío. Los campesinos, al sentirse menospreciados, radicalizaron sus posiciones y la sociedad, poco a poco, se unió a las protestas. Querían demostrar que el paro existía y que, gracias a la imprudencia de Santos, se extendería indefinidamente. Creció entonces el descontento y empezaron a sonar las cacerolas en las principales ciudades el país; pero, quizá, lo que más indignó a los colombianos fue la represión de las autoridades en las manifestaciones. La policía tiene un cuerpo  de choque especializado  conocido como ESMAD (escuadrón móvil antidisturbios). A dicho escuadrón hoy se le acusa de excesos a la hora de controlar los desmanes que se han generado. A través de decenas de videos en internet, se pueden apreciar arbitrariedades de los hombres del ESMAD en contra de la población civil. Los abusos de autoridad van desde golpizas de varios uniformados a una sola persona, hasta la infiltración en las protestas con el pretexto de hacer seguimiento a los revoltosos. Según testigos y campesinos que resultaron afectados por el accionar del ESMAD, el papel de los infiltrados va mucho más allá puesto que, en muchos casos, ellos son los encargados de incitar a los manifestantes para que ataquen a la policía.

Ante la gravedad de la situación, y consciente del  error que cometió al menospreciar  el paro agrario, el Presidente Santos tuvo que dar marcha atrás y cambiar su discurso. Casi de inmediato, y en tono conciliador, dijo que la protesta  era legítima e invitó a los voceros de los campesinos a una mesa de negociación con representantes de su gobierno.  Inclusive aceptó las conversaciones en medio de la confrontación, pese a que siempre sostuvo que su gobierno jamás dialogaría si se presentaban bloqueos de vías o manifestaciones violentas. También hizo un llamado para que se respetara la protesta social, en clara alusión a los posibles excesos cometidos por el ESMAD. En ese sentido, el Director Nacional de la Policía, General Rodolfo Palomino, prometió efectuar las respectivas investigaciones y sancionar a los responsables de su institución.

Replantear los TLC firmados con otros países y disminuir  la importación de alimentos que se producen en Colombia, rebajar los aranceles de insumos que se necesitan en la agricultura, tecnificar al pequeño y mediano campesino para que pueda competir en igualdad de condiciones y facilitar el acceso a la propiedad rural, son algunas de las exigencias planteadas por el movimiento agrario.

Para el 29 de agosto se programaron diferentes marchas en todo el territorio nacional, en respaldo a la movilización campesina: estudiantes, maestros, trabajadores de diferentes sindicatos y población en general. En Bogotá, por ejemplo, se suspendieron actividades en colegios distritales y universidades públicas. A los planteles privados se les recomendó, por prevención, no dictar clases ese día.


Por Carlos Eduardo Rojas Arciniegas (Bogotá - Colombia)




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