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Mundo  |  17, Junio 2013

La fiesta del fútbol




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Un operativo policial impidió la entrada de miles de colombianos al estadio de Ríver Plate en Buenos Aires para el partido de eliminatorias entre Argentina y Colombia. Entre la indignación y la protesta, algunos medios colombianos desinformaron y llegaron a responsabilizar al gobierno de Cristina Fernández de los incidentes.

El abuso de la policía de Buenos Aires opacó las emociones del partido jugado el viernes entre Argentina y Colombia. Messi, Falcao, Higuaín, Yepes  esta vez no fueron los protagonistas. Horas antes del trascendental encuentro, las autoridades bonaerenses montaron un operativo de seguridad para prevenir acciones violentas  antes, durante y después del juego. Dicho operativo obligó a varios hinchas colombianos a quitarse sus camisetas de la selección (aunque no llevaran nada debajo, como les sucedió a algunas mujeres),  impidió la entrada a miles de fanáticos cafeteros y los demás tuvieron que resignarse a verlo en tribunas  cuyos precios eran menores que las boletas adquiridas previamente. Lo paradójico del asunto es que nunca se presentaron agresiones entre hinchas de los equipos; por el contrario, la solidaridad de  la  prensa y de los  argentinos que llegaron al estadio, contrastó con la actitud hostil de la policía hacia los colombianos.

La violencia en el fútbol es un fenómeno que tiende a salirse de las manos. Las llamadas "Barras bravas" son las principales generadoras  de ese caos que se desata en cualquier espectáculo futbolero. En Latinoamérica se volvieron frecuentes las noticias de muertes producto de las pasiones extremas alrededor de este deporte. Pero a diferencia de Europa, donde la xenofobia y el racismo se manifiestan a través de los "Hooligans" cuando juegan las selecciones de las naciones del área, en nuestro continente los problemas son exclusivos de fanáticos de clubes locales. 

En Colombia las voces de protesta no se hicieron esperar. El despliegue informativo sobre los hechos llenó editoriales de periódicos, notas de televisión y comentarios de radio. Precisamente de estos últimos hay opiniones que, en vez de buscar la verdad de lo sucedido,  parecieran querer responsabilizar a alguien en particular. Un ejemplo de ello fueron  las frases lanzadas por un analista deportivo en un programa de la radio colombiana  en la mañana. Palabras, palabras menos, sostuvo: "El operativo fue ordenado desde La Casa Rosada... Ellos son los dueños del fútbol argentino... Los mismos que ponen a competir a Lanata con un partido..." (Es bueno señalar que en ese país ya no hay monopolio para transmitir el fútbol. Gracias a un convenio entre la AFA -Asociación de Fútbol Argentino- y el gobierno, hoy todos los argentinos disfrutan la televisación del campeonato por señal abierta. Tal vez muchos no quedaron contentos con esta negociación que favoreció los intereses de las mayorías y de ahí la  mala prensa que se ha extendido más allá de las fronteras). Las anteriores son, pues,  denuncias sin sustento que, además, tienden a desinformar acerca de la actualidad social, política y económica de Argentina. Al igual que  en Colombia, cada ciudad es dirigida por un Alcalde (Intendente) elegido por votación popular y quien, finalmente, debe estar al tanto de esos operativos montados por las autoridades. Y si alguien sabe lo que puede suceder durante un partido es Mauricio Macri, actual Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y quien en el pasado fuera Presidente del Club Boca Juniors.  No olvidemos que "La Doce", quizá la "Barra Brava" más fuerte que hay en Latinoamérica,  es seguidora del mencionado club.

No se trata de culpabilizar por culpabilizar. Incidentes como los del viernes no son exclusivos de Argentina. Pasan en Brasil, país sede del próximo Mundial de Fútbol en el 2014, y en todo el continente. Los excesos policiales son muestra de la paranoia que, al parecer, se instaló en el imaginario de las autoridades para controlar a los fanáticos en los partidos.

La fiesta del fútbol pierde cada vez más su razón de ser.  Es un gran negocio del que se benefician unos pocos. Inclusive la FIFA (máxima autoridad de este deporte) no permite intromisiones de ningún organismo gubernamental  o judicial en sus asuntos. Y si alguno se atreve, la FIFA amenaza con la desafiliación al país en el que se produce la intervención. Por eso es necesario bajarle el tono a las recriminaciones y, más bien, recuperar la esencia de un espectáculo que todavía es  seguido por la mayoría de habitantes en el mundo.

 

Por 

 

Carlos Eduardo Rojas Arciniegas (Bogotá - Colombia)




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