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 |  22, Noviembre 2018

Honda Monkey 125: Capricho vintage




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La nueva Honda Monkey 125 es uno de esos pocos ejemplos en los que se demuestra que el tamaño no importa. Pese a su pequeña estatura, esta exclusiva preciosidad de estética neo-clásica, brillantes acabados e histórico legado, nos ha dejado gratamente sorprendidos. Puede que la particularidad de su diseño contraste con la arquitectura de los vehículos actuales, pero en ningún caso pretende ser ni la más vendida, ni la más potente, ni la más capaz. Es, simplemente, una forma distinta de disfrutar de lo clásico.

La Monkey es de esos modelos que forman parte indivisible de la historia de Honda junto a nombres míticos como Cub o CB. 

Forma parte del legado histórico de Honda y, aunque a día de hoy las cosas han cambiado muchísimo desde aquel primer modelo que llegó a Europa en 1963, con su particular estilo basado en un diseño bonito y simpático, unas dimensiones súper reducidas y un peso ultraligero, la idea que le dio vida sigue estando a la orden del día.

Es una moto distinta, muy diferente, incluso si la comparamos con su compañera de gama la Honda MSX 125 que, a pesar de ser una mini-moto como nuestra invitada, no tienen ni el encanto, ni la solera de esta preciosidad de estilo neo-retro. Aunque suene un poco absurdo, es una moto en cierto modo exclusiva, destinada a un grupo muy concreto de nostálgicos aficionados que sienten pasión por los vehículos de corte retro.

Puede que en otras motos un tamaño pequeño sea un aspecto negativo, pero en la Monkey 125 sucede todo lo contrario; esta es una de sus características más diferenciales y representativas. Honda ha sabido jugar con las formas y dimensiones de su nueva Monkey, ya que ni mucho menos es tan pequeña como los primeros modelos. Sus dimensiones de 1.710 mm de largo, por 755 mm de ancho y 1.020 mm de alto, unidas a una altura de asiento de sólo 775 mm, resultan determinantes para que no se aprecie ningún problema de espacio sobre ella.

Mini-urbana

De hecho, sucede más bien todo lo contrario, ya que su enorme asiento monoplaza -este es uno de sus principales hándicaps-, con mullido fabricado en uretano de alta densidad es comodísimo. Igualmente, desde el punto de vista de la conducción, la colocación del manillar bastante alto y las estriberas, bien centradas y bajas, hacen prácticamente imposible que, a pesar de su pequeño tamaño, nuestras rodillas toquen el manillar a la hora de realizar giros muy cerrados. Y eso que la capacidad de giro de la Monkey es espectacular gracias a unas geometrías de dirección de 25º de lanzamiento y 82 mm de avance, que dan como resultado una distancia entre ejes de sólo 1.155 mm, y le confieren un cerradísimo radio de giro mínimo, menor a 2 metros. ¡Perfecto para ciudad!

Ante la pequeña y simpática imagen de la Monkey es fácil que uno piense que se trata de poco más que de un juguete, pero nada más alejado de la realidad. Cuando hay que lidiar entre el tráfico y de desenvolverse lo más ágil y fácilmente posible entre los atascos, la Monkey no tiene rival. Su atractiva silueta retro oculta un equipamiento muy bien seleccionado, con elementos especialmente eficientes como su compacto pero robusto chasis de acero o, también, la horquilla invertida y el par de amortiguadores que nos sorprenden con unos recorridos bastante largos de 100 y 104 mm respectivamente.

Estos, con un tarado de serie suave y confortable, se crecen ante la adversidad. Sobre asfalto bacheado y roto demuestran una muy buena capacidad de absorción, a lo que también ayudan losgruesos neumáticos de tipo mixto de 120/80 y 130/80 montados sobre llantas de 12 pulgadas, cuya versatilidad de uso se adaptan de forma genial a la variedad de firmes que podemos encontrar en una gran ciudad.

En cuanto a agilidad de movimientos no hay otra igual. En marcha, la Monkey es rapidísima de reacciones y responde de forma inmediata a las órdenes que le llegan desde el manillar. Esto se nota muchísimo a la hora de zigzagear y esquivar obstáculos, acciones que realiza sin ningún esfuerzo. Lo mejor, es que ello no le impide ser una moto, en general, bastante estable; a porta gran confianza a la hora de inclinar y nos garantiza un paso por curva firme y preciso.

 

 




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